Vivir en una base antártica es una experiencia extrema y aislada, caracterizada por condiciones climáticas severas, una convivencia estrecha y una rutina centrada en la ciencia, el mantenimiento y la supervivencia.
👉¿Sabías que Juan Augusto Díaz, meteorólogo de la FCAG, se encuentra trabajando en la Base Marambio, en la Antártida, para el Servicio Meteorológico Nacional (SMN)? Sí! Leíste bien: la meteorología ofrece una amplia salida laboral. ¿Te imaginás trabajando entre témpanos y vuelos del Hércules? Te contamos un poco…
La primera instalación argentina inaugurada en la Antártida, el 22 de febrero de 1904, fue el Observatorio Meteorológico y Geomagnético Orcadas del Sur. Desde entonces, científicos e investigadores aportan su esfuerzo a la ardua tarea de investigar la naturaleza antártica, posibilitando así la participación de nuestro país en el quehacer científico mundial.
Hoy son alrededor de 30 los profesionales del SMN -entre científicos, técnicos, pronosticadores y observadores meteorológicos- que brindan el apoyo meteorológico indispensable para todas las operaciones logísticas en la Antártida y que, además, realizan la investigación científica propia del organismo.
Charlamos con Juan Augusto y nos cuenta que viajó al continente blanco como parte del equipo del Centro Meteorológico Antártico Marambio (CMAM) para el SMN.



Vida cotidiana y convivencia en la Antártida
-¿Cómo es vivir y trabajar en el continente blanco?
La base es muy copada. En verano está llena de gente; por momentos hay hasta 180 personas, por lo cual tenemos turnos para comer y bañarnos. Como que todo está organizado muy bien, y cuando no tenemos trabajo, todos realizamos tareas de pintura, sacar nieve o lijar, lo que sea necesario. Todos colaboramos sin rangos ni jerarquías.
Lo más loco es la vista: salís de la habitación y ves témpanos en el mar. Hay mucha luz porque amanece temprano (en verano hay sólo tres horas de penumbra) y por ahí lo más difícil es hacerse recreos mentales; la cabeza no descansa nunca porque estamos trabajando y viviendo en el mismo lugar. Tenemos gimnasio por turnos, una sala de estar y siempre que el tiempo acompañe, se puede salir a tomar mates.
-¿Cuándo llegaste y hasta cuándo te quedas?
Llegué el 18 de enero, aunque mi llegada estaba prevista para el 5. Por problemas con el Hércules y el cronograma, terminamos saliendo el sábado 17 de enero a las 18:00 desde El Palomar. Llegamos a las 6 am del 18. Nos dieron una charla de bienvenida y, de ahí, dejé mis pertenencias en la habitación y me fui directo a trabajar.
Todavía no tengo una fecha exacta de regreso, pero está prevista para los primeros días de marzo.
-¿Con quiénes trabajas?
En particular, en el CMAM somos tres pronosticadores, dos auxiliares de pronóstico y cuatro observadores. Se realizan observaciones horarias, por lo que siempre hay un observador en la oficina. Los pronosticadores trabajamos en dos bandas horarias: por la mañana de 6:30 a 12:00 y por la tarde de 18:00 a 21:30 h; excepto cuando hay actividad aeronáutica que hacemos vigilancia mientras dure la operación. Por lo general llegamos y desayunamos todos juntos en la oficina, luego cortamos para almorzar y regresamos por la tarde luego de una siesta.
-¿Cuáles son las condiciones climáticas con las que trabajas?
Ahora, en verano, la temperatura es bastante agradable. Hubo algunos días que hicieron 4 o 5 grados, pero estos últimos días en particular nos tocó nevada y bastante viento. Las condiciones acá son muy variables y, por ello, es necesario realizar el seguimiento continuo. Un dato muy importante acá en la isla, y que no lo es tanto en el continente, es la sensación térmica, ya que no es lo mismo hablar de 3 o 4 grados bajo cero sin viento que cuando tenemos 20 o 30 nudos, que lleva a una sensación térmica de menos 15 o menos 20 grados.



Estudiar la meteorología desde el Polo Sur
-¿Cuál es tu tarea?
Yo vine como pronosticador aeronáutico del SMN. Los pronosticadores damos apoyo meteorológico a todas las actividades que se realizan, en particular las actividades aeronáuticas (los cruces del Hércules, los vuelos de helicópteros Bell 212 que operan entre bases trasladando tanto gente como carga a campamentos instalados en ellas) por lo que cada vez que hay este tipo de actividad, le damos apoyo con un pronóstico a través de un briefing meteorológico y seguimiento minuto a minuto de como están las condiciones y como van mejorando.
Este trabajo se realiza en equipo entre los pronosticadores (somos tres en este momento, pero por lo general durante el año hay uno solo), y los observadores, cuya tarea es tomar las observaciones horarias registrando la temperatura, el viento, la nubosidad, la presión y demás variables.
Argentina opera 7 bases permanentes en la Antártida, activas todo el año para la investigación científica y la soberanía, y es el país con la mayor presencia ininterrumpida desde 1904. Marambio es la única estación meteorológica de las bases que cuenta con observaciones horarias todos los días del año, ya que hay un observador con turno cada 8 horas, pero cuando hay actividad aeronáutica se suma un observador más para mejorar la vigilancia continua. El resto de las bases realiza observaciones cada tres horas y a requerimiento (cuando hay actividad aeronáutica cada una hora mientras dure la misma).
En el CMAM realizamos el pronóstico civil, temperatura, viento, fenómenos y visibilidad para las siete bases permanentes (Marambio, Esperanza, Carlini, Petrel, Orcadas, Belgrano II y San Martín) y, además, se realizan pronósticos a las bases temporales y a los distintos campamentos instalados en la Antártida durante la campaña de verano.
🌟Desde uno de los puntos más australes del planeta, Juan Augusto continúa con su labor científica y de servicio, en la que el trabajo cotidiano también es una forma concreta de reafirmar la presencia argentina en la Antártida.









