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Vientos atmosféricos y meteoros: una conjunción que ayuda a evitar posibles colisiones con satélites y estaciones espaciales. Entrevista con Diego Janches

El Dr. Diego Janches es parte de la división de heliofísica y trabaja en el Laboratorio de Física de la Ionósfera de la NASA desde hace más de diez años. Además, hace 14 años que trabaja en colaboración con la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP en un proyecto en la Estación Astronómica de Río Grande, la única del mundo que monitorea las lluvias de meteoros en el hemisferio sur y en la que detectan entre 10 mil y 20 mil por día.


La Estación Astronómica de Río Grande (EARG) fue fundada por la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP, el CONICET, el Servicio de Hidrografía Naval (SHN), el Observatorio Besancon de Francia y la Provincia de Tierra del Fuego. Es la única plataforma observacional para las Ciencias de la Tierra y el Espacio del mundo y se encarga, entre otras cosas, de monitorear y estudiar la lluvia de meteoros en el hemisferio sur.

Además, la EARG tiene una particularidad: es el único sistema en el mundo que se usa para monitorear y estudiar la lluvia de meteoros del hemisferio sur y contribuye al avance del conocimiento de fenómenos que se manifiestan con particulares características en el extremo austral de Sudamérica, en el ámbito de la Astronomía y la Geofísica.

Diego Janches lo dice claro: "La EARG detecta entre 10 mil y 20 mil meteoros por día".

¿De qué se trata la Estación Astronómica de Río Grande?

Es una estación que pertenece a la Universidad Nacional de La Plata y el CONICET. Es una estación que la Universidad instaló hace tres décadas con un astrolabio para hacer mediciones del eje de la Tierra. Esa estación evolucionó gracias al esfuerzo de José Luis Hormachea, el jefe de la estación, en una estación de apoyo para muchas cosas, como geodesia y sismología.

En el 2006, empecé a buscar un lugar para medir vientos atmosféricos en la mesosfera, que es la capa de la atmósfera que va aproximadamente, de los 70 a los 120 kilómetros de altura. Para hacer eso quería instalar un radar que detecte meteoros y quería ir a esa zona, porque en el sur de la Argentina -desde Calafate hacia el sur, hasta la península antártica- es una de las zonas más dinámicas del planeta en lo que se refiere a un fenómeno que se llama "ondas de montaña": son vientos muy fuertes, no hay tierra alrededor, porque a su alrededor hay océanos. Se chocan, de alguna manera, con los Andes, y eso produce ondas que transmiten energía a las capas más altas de la atmósfera hasta la ionosfera e incluso más allá.
Eso tiene muchos efectos, más que la circulación global en la atmósfera, porque produce fenómenos que cambian la dirección de los vientos, cambios en la densidad de la atmósfera y producen rozamientos a las órbitas de los satélites; una cantidad de fenómenos que son de importancia científica y operacional, en muchos casos.

Comenzamos con este radar y, después de ver los resultados de las cosas que hicimos, muchos científicos se dieron cuenta de la riqueza científica de la región y empezaron a traer otros instrumentos complementarios. Ahora hay un LiDAR (Light Detection and Ranging o Laser Imaging Detection and Ranging) de la Agencia Espacial Alemana (DLR); un magnetómetro del INPE, unas cámaras de varias universidades americanas, como la Boston University, Utah State University y, poco a poco, vamos mejorando el sistema para hacer mejores mediciones.

¿Cómo se miden las "ondas de montaña"?

Nosotros medimos los vientos a través de los meteoros, los usamos como trazas. Es un efecto similar al de poner tinta en un río: podés seguir el recorrido de la corriente porque la tinta la pone en evidencia. Pasa lo mismo con los meteoros; forman un tren de plasma y se mueven con los vientos de la atmósfera. Si seguís ese movimiento podés determinar los vientos en esa zona. Pero, en sí, lo que se detecta es el meteoro. Entonces, lo que hicimos fue generar una línea específica de investigación en torno a la astronomía de los meteoros para medir órbitas, saber de dónde vienen, e incluso poder producir reportes que son enviados a una oficina de la NASA que se llama Metheor Environmental Office que usa estos datos para estimar las probabilidades de colisión con satélites y estaciones espaciales.

Desarrollamos una red de antenas receptoras que están a 5 o 10 kilómetros separadas de la Estación. Son 5; la primera fue instalada en 2010 y la última en mayo de este año, y eso nos ayuda a triangular los meteoros y a calcular la dirección de entrada. Para eso, se requirió mucha colaboración de la gente local, del pueblo, porque había que buscar lugares fuera del predio de la Estación, que nos dejaran poner una casilla con la electrónica.

¿Cómo hicieron para identificar los lugares?

La identificación de lugares para instalar los instrumentos es gracias a José Luis y la presencia de la Universidad (UNLP), que haya financiamiento para que la gente se instale allá. Eso demuestra la importancia de que la universidad siga invirtiendo en personal y en desarrollos.

Por lo general, le digo a José Luis dónde me gustaría poner un instrumento, y él busca lugares posibles. Tenemos una estación en la estancia María Betti, en el predio donde la municipalidad de Río Grande tiene la planta potabilizadora de agua. Después tenemos una en una estación de policía rural; otra está en un predio que le pertenece a la misión salesiana, otra en un predio que nos cedió la Municipalidad y la última está en un centro de interpretación ambiental. En todos los lugares hicimos arreglos con la comunidad; por ejemplo, en la estación de policía y en el centro de interpretación, proveemos internet. También hicimos un refugio para poner la electrónica y lo construimos también para que ellos pudieran utilizarlo.

Siempre buscamos una colaboración entre la población de Río Grande y el proyecto, para que no sólo piensen que venimos a "invadir" con antenas. La recepción de la gente es muy buena, siempre hacemos eventos, damos charlas, damos entrevistas con los medios locales y con invitación a la participación.

¿Hay disponibilidad para que los y las estudiantes puedan desarrollar sus investigaciones allí?

Hace un par de años que estoy insistiendo para que estudiantes de la UNLP y de la Universidad de Tierra del Fuego puedan involucrarse con las líneas de investigación que proponemos. Los investigadores de la universidad van a hacer mediciones a la Estación. Yo he involucrado estudiantes de la FCAG que hicieron licenciaturas en temas afines, siempre trato de que los estudiantes participen de todas las actividades que hacemos.


Al estudiar meteoros, ¿qué pasa cuando hay, por ejemplo, lluvia de Leónidas? ¿se ven muchas más que en el resto del país?

Hay lluvias que no son tan activas. No ves muchos meteoros más, pero sí ves muchos meteoros viniendo de un mismo lugar, eso es lo interesante. Por ahí de 10.000, pasamos a ver 10.200.

Hace unos años detectamos una lluvia que se llama áridas: fue la primera vez que se detectaba y fue una lluvia nueva, que se produjo de un desprendimiento de material de un asteroide en el 2014 y solo se veía en el sur. Nuestro sistema fue el que pudo contribuir con la mejor observación, en temas de calidad de datos, estadística, determinación de órbitas. Detectamos más de mil eventos, mientras que otros detectaron sólo diez.

Parte de esos datos están en repositorios públicos, parte que los puedo circular en la medida en que se necesite. Toda la gente que quiere los datos, los pide y se los damos. Hay, por ejemplo, una persona que está haciendo un atlas global de lluvias de meteoros y le dimos todos los datos que necesitaba para ese libro.

La EARG sigue creciendo

Ahora estamos tratando de expandir la investigación en el campo óptico. Pusimos cámaras de video con distintos tipos de sensibilidad para hacer mediciones ópticas: unas poco sensibles para medir bólidos y ahora estamos preparando unas cámaras muy sensibles, que van a estar instaladas en 2023.

Estamos tratando de expandir la instalación a una red aún más grande de la que tiene la Estación, porque para las redes de óptica necesitás que las cámaras están separadas entre 50 y 100 kilómetros. Así es que hay algunas que llegan a Ushuaia, una estancia al sur, que se llama Estancia Despedida.

Debido al crecimiento de la tecnología espacial como la telefonía satelital y la masificación de los GPS, la climatología espacial es un área que está creciendo mucho en las últimas décadas; sabemos que las capas más altas de la atmósfera terrestre están influenciadas por una serie de fenómenos, principalmente la actividad solar con las tormentas geomagnéticas; la interacción del Sol con la atmósfera y aquellas fuentes de energía de la Tierra que transfieren esa energía a las capas más altas.

La semana pasada llegó nuevo instrumental Tierra del Fuego. Se trata de un sismómetro que permitirá estudiar el sistema de Fallas Magallanes-Fagnano pero que, por su capacidad y versatilidad, se utilizará también para estudiar la sismicidad regional. Luego de los testeos, seráinstalado en la estación sismológica Bahía Torito. Podés leer más acá


 

Actualizado el 12/12/2022